Cartas del padre Pedro (XXXVIII): Yo estaré con vosotros todos los días (17-5-2026)
+Pedro Aguado Cuesta. Obispo de Huesca y de Jaca
Celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Como decimos en el Credo, “subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre”. La ascensión del Señor es central en nuestra fe. El mismo Jesús que compartió nuestra vida y nuestra condición, que fue crucificado y resucitó abriendo para todos nosotros las puertas de la Vida, reina eternamente con el Padre y el Espíritu Santo. Esta es nuestra fe.
No es fácil describir con nuestras limitadas palabras algo tan profundo como la ascensión del Señor. Nos queda la imagen de un “ascenso físico a los cielos, unas semanas
después de la resurrección”, provocada por la narración de Lucas en los Hechos de los Apóstoles. Lucas elige una narración simbólica para explicar la más profunda verdad de nuestra fe: Cristo ha resucitado y está en su plenitud en presencia del Padre y del Espíritu”. El “cielo” no es un lugar físico, sino la plenitud de Dios. Por eso, Jesús no le dice a María la Magdalena “subo al cielo”, sino “subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn. 20, 17).
Jesús no se aleja de nosotros. Si así fuera, no diría san Lucas que los discípulos regresaron a Jerusalén rebosantes de alegría (Lc 24, 52). Todo lo contrario. Jesús está
presente, como nuestro Dios y Señor, junto a nosotros, porque nuestra fe no está basada en un Dios lejano, sino en un Dios profundamente cercano y próximo a nuestra vida. Este es el sentido de la promesa del Señor que Mateo recoge al final de su Evangelio: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos”.
Nos gusta, y nos ayuda, celebrar por separado las grandes verdades de nuestra fe: la resurrección del Señor, su ascensión al Padre y el envío del Espíritu Santo. Las tres reflejan el centro de nuestra fe: nosotros creemos en Cristo resucitado, presente en nuestra vida, que nos envía a la misión y que nos fortalece con el envío del Espíritu.
Nunca estamos solos; Él camina con nosotros. Por eso las tres explicitan la Pascua, el tiempo pascual que estamos viviendo.
Hay tres aspectos que es bueno que recordemos en este día. Los tres sintetizan muy bien la vida cristiana que somos llamados a vivir y nos ayudan a celebrar la solemnidad de este día: Jesús nos envía, Jesús nos acompaña, y la señal de su presencia es la alegría y la pasión con la que vivimos nuestra fe.
Son tres aspectos que podemos y debemos cuidar en nuestra vida cotidiana. Sabernos enviados nos compromete y nos orienta: tenemos una misión. Sabernos acompañados no sólo nos consuela, sino que nos fortalece. La fe no impide nuestras dificultades, pero nos fortalece para saber vivirlas. Finalmente, vivir alegres, vivir con plenitud, no sólo nos hace creíbles, sino que nos permite mantener siempre la fidelidad a los dones que hemos recibido. Esta es nuestra fe, esta es la fe que celebramos especialmente en este día de la Ascensión.
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

