Cartas del padre Pedro (XLVII)-. El Papa León XIV nos habla-2 (19-7-2026)
- Pedro Aguado Cuesta. Obispo de Huesca y de Jaca
Esta segunda carta sobre el viaje del Papa a España la quiero dedicar a los encuentros que el Papa tuvo con personas que viven situaciones de dificultad, de desamparo, de pobreza. El Papa se reunió con personas encarceladas; escuchó a jóvenes que le compartían su dolor por su propia historia personal; visitó los puertos canarios a los que llegan tantos inmigrantes
de diversos países; se reunió con personas que dedican su tiempo a la asistencia, la acogida y la solidaridad; tuvo tiempo para encontrarse con tantos voluntarios y voluntarias que ayudan y hacen el bien, etc. Estos encuentros fueron una auténtica experiencia de Evangelio.
Fijémonos en algunos detalles y mensajes del Papa. Fue muy bueno verle abrazando a una mujer encarcelada, y decirles a todos que su pasado no les cierra el futuro ni les quita su dignidad. Decir al abatido una palabra de aliento es una de las mejores acciones que podemos hacer, y el Papa lo hizo y de manera muy profunda y significativa. Debemos aprender de ello.
Fue muy significativo escucharle proclamar una dura condena de aquellos que se aprovechan de la desesperación de las personas y organizan redes mafiosas de explotación: “¡Deténganse!” “¡Conviértanse! “Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él. Habrán de comparecer ante la justicia divina por cada injusticia cometida”. Es muy importante escuchar estas palabras del Papa, que fueron acogidas con emoción por todos los que le escuchaban.
El Papa nos hizo una llamada a todas las diócesis, a todos los cristianos. Nos dijo que la Iglesia no puede desentenderse de ninguna realidad en la que la dignidad de la persona humana no sea respetada. Su llamada a una Iglesia atenta al sufrimiento, deseosa de dar respuestas que ayuden a los que nos necesitan, comprometida con el dolor de los que sufren, esa llamada debe ser atendida y escuchada por todos nosotros. Sin duda que hacemos muchas cosas, pero nunca serán suficientes. El Papa dio las gracias a quienes hacen lo que pueden
por los demás, en cualquiera de los ámbitos que visitó. Nos recordó que la misericordia comienza con gestos pequeños, “a veces con unas pocas galletas y un poco de leche”. Nos recordó que no se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre y los recursos no bastan. Nos animó a seguir dando respuestas, sin desanimarnos por no poder llegar a todo. Hay que seguir… Nos regaló un texto bíblico que nos pidió que pensáramos y rezáramos. Os lo transcribo: “Alegraos con los que están alegres, llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. A nadie devolváis mal por mal. En lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo”. Es un párrafo de la carta de Pablo a los Romanos (Rom 12, 15-18).
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.


