Cartas del padre Pedro (XXXIV): Camino de Emaús
- Pedro Aguado Cuesta. Obispo de Huesca y de Jaca
Este tercer domingo de Pascua nos encontramos con dos discípulos que van caminando a una aldea llamada Emaús. Y mientras van por el camino, Jesús se pone a caminar con ellos y ellos le van “poniendo al día” de todo lo que ha ocurrido en Jerusalén con el Maestro de Nazaret. Al final del día le piden que se quede con ellos en la casa, y ahí le reconocen, al partir el pan.
Este pasaje es una preciosa catequesis sobre la vida cristiana. Es bueno que lo pensemos un poco y que tratemos de buscar alguna luz para nuestro caminar. Voy a tratar
de ayudaros en ello con algunas sencillas aportaciones. Los caminantes le dicen que “nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel”. Ellos esperaban algo distinto de lo que Jesús había venido a traer. Jesús ofreció la salvación plena de todos los hombres, y ellos esperaban
sólo algo concreto, la libertad de su pueblo. Esto a veces lo tenemos que pensar: qué es lo que esperamos de Dios, en qué tenemos nuestra esperanza, qué es lo que ponemos en las manos de Dios. La esperanza cristiana consiste, esencialmente, en confiar en que las promesas de Dios se cumplirán, creer que el viaje de nuestra vida tiene un sentido y un horizonte.
Un segundo detalle es que ellos le reconocen “al partir el pan”. Es una referencia clara a la Eucaristía. Desde el comienzo de la Iglesia, la comunidad ha celebrado la Eucaristía como “memoria de Jesús”. En la Eucaristía nos centramos en Él, estamos en su presencia, comulgamos su cuerpo y nos identificamos con Él. Valorar la Eucaristía de cada día y de cada domingo como lo que es, nuestro tesoro, es algo que no podemos descuidar. Agradezco a nuestros sacerdotes el esfuerzo que hacen para que nuestras parroquias puedan celebrar y vivir la Eucaristía.
Y un tercer detalle (hay muchos, pero me quedo en tres) es que los dos discípulos, después de encontrarse con Jesús, desandan el camino y regresan a Jerusalén para anunciar a los apóstoles que se habían encontrado con Jesús. Cambian sus planes, porque lo que han experimentado es mucho más grande y valioso que lo que ellos iban a hacer a la aldea de Emaús. Esto no es un detalle menor. La experiencia de la Pascua les cambia completamente la vida. Gracias a su testimonio, a su decisión, a su fe apasionada, nosotros estamos hoy aquí. Somos herederos agradecidos de estos primeros discípulos. Somos hijos de estos testigos. Nos
toca seguir siendo testigos para quienes vengan detrás.
Por eso quiero agradecer a los catequistas, a los padres y abuelos, a los diversos agentes de pastoral, su precioso trabajo evangelizador. Seguimos construyendo Iglesia.
Nunca olvidéis que la Iglesia es, esencialmente, un instrumento al servicio del anuncio del Reino de Dios y su Justicia, al servicio del anuncio de Cristo.
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

