Cartas del padre Pedro (XXVIII): Transfiguración del Señor
- Pedro Aguado Cuesta. Obispo de Huesca y de Jaca
El texto evangélico de este segundo domingo de Cuaresma es el de la Transfiguración del Señor. Es un texto muy bello, tan sugerente como interpelante.
Podemos fijarnos en muchos detalles, pero yo quisiera destacar solamente dos en esta carta semanal desde la que trato de acompañar vuestro camino de fe.
El primero de ellos es la reacción de los discípulos al escuchar la voz de Dios que decía: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo”. Los discípulos tenían miedo de escuchar a Jesús. Siempre me ha hecho pensar mucho esta reacción, que es honesta, sin duda, pero que nos tiene que hacer pensar. ¿Tenemos también nosotros miedo de escuchar a Jesús, de escuchar sus palabras? A lo mejor nos da miedo escuchar cosas como estas: si te dan en una mejilla, pon
la otra; ama a tus enemigos; carga con tu cruz y sígueme; permanece en mí; tuve hambre y me diste de comer, fui extranjero y me acogiste; no he venido por los justos, sino por los pecadores, y tantas otras palabras de Jesús que nos desinstalan y nos cuestionan, cambian nuestra mentalidad y nos obligan a repensar nuestra vida. Tener miedo de Jesús es tener poca fe, y pensar más en nosotros mismos que en la propuesta de Vida que nos ha venido a traer. El segundo detalle es la preciosa escena desde la que Jesús se dirige a sus asustados discípulos: se acerca, les toca y les dice “levantaos, no temáis”. Es bellísimo. Jesús comprende su desconcierto, como comprende el nuestro. Pero les tranquiliza y les anima, simplemente porque les ama. Como a nosotros. La propuesta de Jesús no puede ser escuchada ni comprendida desde el miedo, sino desde la confianza.
La transfiguración es la narración de una experiencia religiosa vivida por Pedro, Santiago y Juan en lo alto de una montaña. La experiencia religiosa, la experiencia de la oración, la experiencia de la fe, es para nosotros, esencialmente, un encuentro con Cristo. El Papa Francisco, citando al Papa Benedicto, insistía frecuentemente en que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.
La fe cristiana es, esencialmente, un encuentro con Cristo. La fe consiste es descubrirle como la respuesta a nuestras preguntas, como el camino para nuestra vida, como el amigo que camina con nosotros. Siempre me hizo pensar Francisco cuando decía que “la experiencia religiosa es encontrarte con uno que ya te está esperando”.
He visto esto en muchas personas a lo largo de mi vida, personas que han sabido reconocer a Jesús en su vida y han tomado la decisión de seguirle, cada uno según su vocación. Esto es maravilloso, es el camino de la fe. Os deseo que en esta Cuaresma os podáis encontrar con Jesús. Pero nunca olvidéis que, después, “hay que bajar del monte”, como hicieron los discípulos. A Jesús se le encuentra en la vida, en el día a día, en la construcción del Reino de Dios.
Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.

