La Diócesis de Jaca también estuvo presente en Madrid los días 6 y 7 de junio. Un pequeño grupo de jóvenes participamos en el viaje organizado por la Delegación de Juventud de la Diócesis de Huesca. A las ocho de la mañana del sábado partíamos desde la capital oscense con mucha ilusión. La expedición la formábamos en total unas sesenta personas y muy pocos asientos libres quedaban en el autobús.
Poco antes de las 13 horas llegábamos al Colegio “Santa Susana” de Madrid. Tras instalarnos y comer, pusimos rumbo hacia la Plaza de Lima donde tuvo lugar la Vigilia de oración presidida por León XIV con los jóvenes. Los cantos hicieron más llevadero el camino en la calurosa tarde madrileña. También fueron constantes los saludos a otros grupos, preguntándonos mutuamente por nuestra procedencia y lanzando gritos de “¡Viva el Papa!”.
Pasados los controles de seguridad, accedimos al Paseo de la Castellana y nos dirigimos al sector que teníamos asignado. Tuvimos suerte porque nos tocó sombra todo el rato. Para hacer más amena la espera y mientras la gente terminaba de llegar, pudimos disfrutar de las actuaciones de varios artistas. A las 19:45 horas dirigimos nuestra mirada a la Virgen de la Almudena y, para entrar en un clima de oración, rezamos el Rosario (muchos con el Rosario en la mano).
A las 20:30 horas la alegría se desbordó con la llegada de León XIV. Se dispararon los gritos de “Esta es la juventud del Papa”. Una vez que llegó al escenario, varios jóvenes formularon preguntas al Santo Padre para conocer su reflexión sobre distintos temas. Merece leer todo lo dicho por el Papa, pero querría compartir algunas citas que me resultaron especialmente significativas:
- “La Palabra de Dios puede convertir el conflicto en paz. Puede ser fuente de reconciliación, de paz y de justicia”.
- “Desarrollar la capacidad de estar en silencio. […] En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. […] ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad!”.
- “Dios conoce bien tu voz”.
- “Nadie está solo creyendo en Jesús”.
- “¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia!” “¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!”.
- “¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor. […] Vosotros, jóvenes, estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad”.
- “¡Sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables”.
El momento de la adoración eucarística fue, sin duda, uno de los más sobrecogedores de la jornada y de los más difíciles de describir. Tras la exposición del Santísimo en la custodia, el silencio se hizo presente entre la multitud. Resultaba impresionante contemplar a seiscientas mil personas arrodilladas en oración junto al Sucesor de Pedro ante “el único Rey que tiene que reinar”, como así cantamos en uno de los himnos. También nosotros quisimos presentar al Señor las necesidades de nuestra Diócesis de Jaca y de todos quienes formamos parte de ella.
Terminada la Vigilia volvimos al Colegio para descansar. No fueron muchas horas de sueño, a las seis ya estábamos de pie. Pero no importó. La mañana del domingo estuvo marcada por la celebración de la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus Christi, presididas por León XIV en la Plaza de Cibeles. Hasta allí nos dirigimos a primera hora de la mañana. Alrededor de un millón y medio de personas siguieron la celebración en sus alrededores. Esta vez no tuvimos tanta suerte y, aunque el sol nos daba de lleno, no pudo con nosotros.
De la homilía del Papa, quisiera resaltar las siguientes palabras: “Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país […]”. Al escucharlo, más allá de las procesiones del Corpus de ese día, me vinieron a la mente tantas expresiones de piedad popular de los pueblos de nuestra Diócesis que son únicas en el mundo y que estamos llamados a cuidarlas y transmitirlas para que no se pierdan.
Pasadas las 15 horas, tras comer en el Colegio, nos subimos al autobús para regresar a casa. El cansancio pudo con nosotros y, en un primer momento, todos caímos dormidos. Después, el ambiente se fue animando y terminamos el trayecto cantando varias canciones, entre ellas, el himno “Alzo la mirada”.
Fueron dos días intensos, vividos con alegría, oración y espíritu de comunión. Además de conocer a muchos jóvenes y compartir con ellos nuestra fe, regresamos a casa con el corazón lleno de recuerdos y gratitud. No quisiera terminar sin agradecer a la Delegación de Juventud de Huesca, encabezada por su delegada Isa, la cálida acogida que nos brindaron. Una experiencia que permanecerá durante mucho tiempo en nuestra memoria y que nos anima a seguir viviendo y compartiendo nuestra fe con renovada esperanza.
MIGUEL VAL CAMPO




