Comentario a las lecturas. Domingo 16º Ordinario, ciclo A

     Una preciosa parábola contra la intolerancia.  Cuando el Papa Francisco regresaba a Roma después del encuentro con los jóvenes en Río, un periodista le pregunta en el avión por los “gays”. Y el Papa responde: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo”? Una respuesta que dio la vuelta al mundo.

1.– UN SOLO CAMPO. 

     Un error bastante frecuente es el creer que hay dos campos distintos: el del trigo y el de la cizaña. El del trigo es el de los buenos y el de la cizaña el de los malos. El trigo y la cizaña, el bien y el mal están en un mismo campo: el campo de nuestro propio corazón. ¿Quién puede decir que es trigo limpio? El mismo Pablo sentía esta lucha cuando decía: “No hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo” (Ro. 7,19). Y termina diciendo: ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (v.24). Lo importante es aceptarnos como somos: con nuestro trigo y nuestra cizaña; con nuestras bondades y nuestras miserias; con nuestros aciertos y nuestros fracasos. Por el hecho de ser “criaturas” todos somos limitados.

2.- DOS MIRADAS. 

      Podemos fijarnos en el trigo, en lo bueno que hay en cada uno de nosotros, en las posibilidades y capacidades de cada persona, en lo que puede ser. El hombre, por definición, es lo que no es y está llamado a ser. Cuando ponemos la mirada positiva en la persona, le incentivamos, le damos seguridad, le ayudamos a crecer, a realizarse como persona, a creer en sí misma. Los lirios en primavera crecen con la caricia del sol, del aire y del agua. Y las personas crecemos con la caricia del amor.  Pero podemos fijarnos en lo negativo, en la cizaña, en lo mala que ha sido, en lo mala que es y en lo mala que puede ser esa persona.  Entonces anulamos a la persona. De hecho, matamos a una persona cuando decimos: yo de esta persona ya no espero nada.  Pensemos que Dios jamás nos mira con una mirada negativa.

3.– UNA PREGUNTA Y UNA RESPUESTA. 

      La pregunta es de los hombres. La respuesta es de Dios.  Pregunta de los criados: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Respuesta de Jesús: NO. Lo lógico sería que se ordenara arrancar la cizaña en cuanto se descubriera en el trigo, para que no disminuyera la cosecha. Pero resulta que, contra toda lógica, el amo ordena a los criados que no arranquen la cizaña, sino que la dejen crecer con el trigo. Este quiebro, es el que debe hacernos pensar. No es que el dueño del campo se haya vuelto loco, es que el que relata la parábola quiere hacernos ver que otra visión de la realidad es posible y plausible. La razón profunda es la siguiente: “Podéis llevaros también el trigo”. A veces, con afán de arrancar el mal de las personas, los que corrigen, lo han hecho tan mal que se han llevado el trigo de la persona, la han anulado para siempre. Es posible que el trigo se apodere de la cizaña y el bien pueda vencer el mal.

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