Cartas del padre Pedro (LV): Dos obispos muy queridos (25-10-2026)
+ P. Pedro Aguado Cuesta. Obispo de Huesca y de Jaca
En estos días estamos recordando, en las diócesis de Jaca y de Huesca, a dos obispos muy queridos y admirados: D. José María Conget en Jaca y D. Javier Osés en Huesca. Ambos murieron en 2001, con unos días de diferencia. De ambos hemos conmemorado, por lo tanto, el 25º aniversario de su fallecimiento.
El santo pueblo fiel de Dios tiene un olfato muy fino para distinguir el corazón del pastor. Sabe diferenciar muy bien el testigo auténtico del que habla sin vivir aquello que proclama. Sabe reconocer la autenticidad de vida de las personas que son honestas en sus convicciones y tratan de dar lo mejor de sí mismas por el bien de los que le rodean.
Hemos querido recordar a D. José María y a D. Javier porque los dos nos ayudan mucho a comprender el momento que vivimos y los pasos que necesitamos dar para que nuestras diócesis caminen por senderos de Evangelio. Y lo hemos hecho porque necesitamos dar gracias a Dios por regalarnos estos pastores tan cercanos y creíbles. Hay una cita del Antiguo Testamento que inspiró profundamente a D. José María y a D. Javier. Es un texto del
profeta Jeremías (Jer 3, 15), que dice así: “Os daré pastores según mi corazón”. Es una frase que explica, con tanta sencillez como profundidad, la tarea espiritual de un pastor, de todo obispo o sacerdote, de toda persona a la que se le encomienda la apasionante tarea de acompañar la vida de la comunidad: tratar de vivir este servicio según la voluntad de Dios, según lo que Dios espera de nosotros. San Pablo lo explicitará de modo precioso: tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
Sólo esta convicción explica el episcopado de ambos pastores. Vivieron, con humildad y convicción, el precioso reto de crecer, poco a poco, en su identificación con el Señor. Y esta convicción les llevó a identificarse con aquellos con los que el Señor se identifica: con los pequeños, con los pobres y con toda persona que trata de vivir con autenticidad su fe. Esta convicción les animó a ser cercanos con todas las personas, sin hacer distinción; a colaborar
con tantas personas que lo que buscaban era trabajar por un mundo mejor y más justo. Esta convicción les ayudó a convertirse en los obispos que la comunidad necesitaba en ese momento. Sin duda que la oración de la comunidad les ayudó mucho para conseguirlo.
Por eso, quiero aprovechar esta carta para pediros algo que ya hacéis frecuentemente: orar por vuestros sacerdotes, por esos hombres que os han sido enviados como pastores para acompañar vuestra vida, para escuchar vuestras búsquedas, para bendecir vuestras familias, para ofreceros la gracia de los sacramentos. Orad por ellos, porque sólo esa oración del pueblo, de la comunidad, puede ayudarnos a ser los sacerdotes que necesitáis. Orad también para que nunca falten en nuestras diócesis los pastores que necesitamos para caminar como cristianos.
Y, si os acordáis, de vez en cuando orad también por mí.
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.


