El diaconado permanente es una realidad que vuelve a renacer después del Concilio Vaticano II porque la Iglesia toma conciencia de que la dimensión de Cristo siervo que se ofrece por su Iglesia se sigue haciendo presente hoy. Cristo está llamando y sigue buscando a hombres que puedan hacer presente esa función de Cristo siervo, que en tantas ocasiones subraya el Evangelio: “no he venido a ser servido, sino a servir”. Una entrega en la caridad, en el servicio a los más necesitados, en el anuncio de la Palabra y en la preparación de la mesa de la Eucaristía.
Además de ser una llamada del Señor, existen ciertos requisitos para ser diácono permanente: «que sean hombres de equilibrio humano y espiritual, padres de vida honrada, entrega y generosidad y de verdadera unión de amor con sus esposas, pues el diaconado no anula la vocación al matrimonio, sino que sus familias son un don para la Iglesia. Es más, el día de la firma del juramento y la profesión de fe, antes de la ordenación, las esposas también firman un consentimiento, sin el que no se puede seguir adelante. Las familias se muestran sorprendidas de la irrupción de Dios en sus vidas».
La formación teológica adecuada es otro de los requisitos, «deben haber cursado al menos el Bachillerato en Ciencias Religiosas pues están llamados a ser servidores de la Palabra, de la caridad y de los sacramentos»; y también un acompañamiento espiritual.
En estos requisitos no hay excepciones, sino procesos distintos pues «no se trata solo de una formación, sino de una vocación. Los diáconos permanentes no son sacerdotes de segundo orden, ni unos súper laicos, son una bendición de Dios que se está queriendo hacer presente en la Iglesia como Siervo de Dios.
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Oficina del Diaconado Permanente. Diócesis de Jaca:
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- jordanpeman@gmail.com




