Cartas del padre Pedro (LII): Ética y Política (27-9-2026)
- Pedro Aguado Cuesta. Obispo de Huesca y de Jaca
Sé que entro en un terreno “pedregoso” cuando escribo sobre la relación entre la ética y la política. Pero creo que la realidad en la que vivimos nos exige pensar sobre ello. He pedido a la Inteligencia Artificial que defina ambas cosas, Ética y Política. Y este es el resultado. Para la IA, la Ética “es el estudio de la conducta humana, definiendo lo que es correcto e incorrecto, bueno o malo, y el «deber ser» de nuestras acciones. Analiza los principios y valores que guían las decisiones tanto individuales como colectivas”.
Igualmente, la IA define la Política como “la actividad humana orientada a la toma de decisiones en grupo, la gestión del poder y la organización de la convivencia social. Su propósito es regular los conflictos, distribuir recursos y promover el bien común a través del diálogo, las leyes y las instituciones públicas”.
Como veis, una nos ayuda a mirar “lo que debemos hacer”, y la otra nos recuerda “lo que hacemos”. Es importante que prestemos siempre atención a estas dos dimensiones inseparables de nuestra vida humana y de nuestra organización social. Cuando se separan, nada funciona.
Desgraciadamente, tenemos muchos ejemplos de las consecuencias de esta separación.
Cuando miramos los casos de corrupción que se dan en determinados sectores de la gestión política, o cuando somos conscientes de los errores y, en ocasiones, de los delitos- cometidos en el seno de la Iglesia, o cuando nos dejamos llevar por posiciones que nos tratan de alejar de la necesaria solidaridad con los más desfavorecidos, entonces estamos olvidando que si separamos “el deber ser» de “lo que en realidad hacemos”, el resultado es una
dinámica destructiva que aleja todo horizonte de vida.
Y la solución no es decir “que no pasa nada” o que “tú más”. La única solución es tomar una decisión valiente: una sociedad justa o una Iglesia crecientemente fiel al Señor solo se pueden construir si tratamos de hacer las cosas del modo en el que sabemos que las debemos hacer: colocando la justicia, la honradez, la generosidad y el valor de cada persona en el centro de todo, en el eje de nuestras decisiones.
En esto, la fe juega un papel formidable en quienes nos sentimos hijos de Dios. La fe en un Dios que es Padre nos ayuda a comprender que todos somos hermanos. La fe en un Dios que promete la Vida nos ayuda a crear vida.
La fe en un Dios que nos ama nos ayuda a amar. La fe en un Dios que cuida del pobre y tiene una palabra de aliento para el abatido nos ayuda a sabernos situar en el lugar de quien sufre. La fe en un Dios que proclama su Reino y que propone un cielo nuevo y una tierra nueva reaviva nuestra esperanza en el trabajo cotidiano por una sociedad mejor y por una Iglesia más digna del Señor.
Este es nuestro reto. Vivámoslo con confianza. Pidamos al Señor el don de la conversión y el regalo de la esperanza.
Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.


