Cartas del padre Pedro (XXIX): Sed de Dios, sed de agua viva (8-3-2026)

Cartas del padre Pedro (XXIX): Sed de Dios, sed de agua viva (8-3-2026)

 

  1. Pedro Aguado Cuesta Obispo de Huesca y de Jaca

 

El tercer domingo de este tiempo cuaresmal que estamos viviendo está iluminado por un precioso encuentro, el de Jesús con una mujer de Samaría cuyo nombre no conocemos y que ha pasado a nuestras vidas con el nombre de “la samaritana”, una mujer que pertenecía a un pueblo marginado y no valorado por la comunidad judía. Y, en ese encuentro, se nos ofrecen unas pistas preciosas para nuestra vida de fe. Sólo me fijaré en alguna de ellas, pensando en el momento que vivimos en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.

Esa mujer tenía una imagen de Dios que había heredado y tenía su modo de relacionarse con ese Dios. Pero no le bastaba, necesitaba algo más. Tenía “sed de agua viva”

y se sintió impactada por las palabras de aquel desconocido. Jesús se da cuenta de que “no conocía el don de Dios”, y se lo dice. Provoca su búsqueda, provoca sus preguntas.

Tal vez eso pase a mucha gente de nuestras ciudades y pueblos, que se han ido alejando de Dios porque la imagen que tienen de Él no solo no les ayuda, sino que les

desconcierta. No nos escandalicemos de eso. También yo me he ido alejando de ciertas imágenes de Dios que son incompletas y ajenas al Dios de Amor revelado por Jesús: un Dios justiciero, un Dios excluyente, un Dios ajeno a los dolores del ser humano, un Dios lejano al que hay que subir a una alta montaña para poder relacionarnos con Él, fuera de la vida cotidiana. El Dios de Jesús, el Dios Padre, no es así. Jesús, queridos hermanos, nos acerca a Dios y fortalece nuestra fe. Y nos hace felices y plenos, porque  encontramos sentido y horizonte, y nuestra sed de Dios, nuestra sed de “agua viva” se va colmando poco a poco.

También yo tengo sed de agua viva. Os deseo esa sed. La mujer estaba a gusto con Jesús. Se fue a su pueblo y volvió, después de dar testimonio de lo que había vivido. Estaba a gusto con el Señor. Había entendido lo que significa “adorar a Dios en espíritu y verdad”, tal y como le propuso Jesús. Muchos de nosotros tenemos esa bella experiencia de “estar a gusto con Jesús”. Muchos tenemos la experiencia del gozo interior que vivimos cuando adoramos al Señor en espíritu y verdad.

¿Qué quiere decir eso? Hace poco estuve en una adoración eucarística con un numeroso grupo de jóvenes. Estaban a gusto. Muchos de ellos encontraron el espacio para vivir el sacramento de la reconciliación y sanar su dolor. Porque delante del Señor sólo podemos estar en espíritu y verdad. Es decir, desde lo profundo de nosotros

mismos, desde la transparencia de nuestra vida delante de Él, desde la búsqueda de una certera autenticidad.

Os propongo tres pequeñas pistas para este tiempo cuaresmal: buscad el sacramento de la reconciliación y vividlo con alegría, porque todos estamos necesitados del perdón de Dios. Para ello, dejadle a Jesús entrar en vuestra vida, para haceros conscientes de dónde están vuestros dolores y vuestras necesidades de conversión. La segunda: buscad un tiempo de oración personal, para disfrutar de ese encuentro en espíritu y verdad. Y la tercera, anímate

a hablar de tu fe, de tu experiencia de Dios, para poder así avanzar y descubrir que Dios siempre te acompaña.

Os deseo un buen camino cuaresmal. Gracias por vuestra ayuda y que Dios os bendiga.