Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.
Ya salieron los Reyes Magos de vuelta a su normalidad de sabios, dejando atrás todo su asombro ante el milagro que pudieron ver y tocar. La curiosidad de su afán escrutador les llevó tras el rastro de una estrella que con respeto les ofrecía otro horizonte por principiar. Con la sencillez de intuir lo verdadero, de atreverse a verificar, fueron andando mil caminos, descartando tantos atajos a ninguna parte, sorteando enemigos que con su mentira les querían utilizar, y finalmente dieron con el Niño. Fue en aquel portal bendito donde el eterno sueño de Dios puso fin a sus peores pesadillas y se detuvieron a adorar a ese Dios niño.
Es el ritual que con sabor a estreno realizamos cada año. Primero lo hacemos con el porte de zagales y como pastores cualesquiera nos allegamos allí para adorar al Señor. También a nosotros nos avisan los ángeles, esos mensajeros que en cada generación saben actualizar su noticia buena para decirnos lo mismo, lo único, con una música distinta y hasta con una letra nueva: que Dios ha nacido, que nos quiere salvar, y que acompaña el camino haciéndose discreto caminante junto a cada cual.
Luego cambiamos de ropajes y nos imaginamos en el séquito de esos sabios Magos venidos de Oriente, y nos dejamos arrastrar también por las preguntas que nos plantea la vida aceptando gustosos los indicios que los ángeles buenos que nunca nos faltan nos vienen a indicar. Como aquellos primeros, nos hemos atrevido a poner nuestras ofrendas, sencillas pero sinceras. Y así, tramo a tramo en el discurrir de estas fechas, nos hemos vuelto a los días laborables de un año que estamos comenzando. Es el regreso a lo cotidiano en donde va y viene nuestro tram-tram de la normalidad. Pero terminadas las fiestas con todo su sentido y su valor beneficioso, no pocas personas se encontrarán con una realidad muy poco festiva, realmente dura de vivir y sobrellevar.
El Santo Padre en su habitual mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, nos ha alertado ante lo que está empañando y empeñando la dicha y la dignidad de tantas personas con esta crisis global que sufrimos: Combatir la pobreza, construir la paz". Queremos una humanidad en paz, pero ésta no vendrá sin erradicar los frentes de la pobreza: la pobreza de siempre y las pobrezas modernas que genera nuestra sociedad materialista e insolidaria.
Valdrá la pena que le dediquemos alguna carta próxima a este mensaje valiente y esperanzador, en donde no sólo se recuerdan los diversos abismos entre ricos y pobres (tanto países como personas), sino también cómo es insuficiente la estrategia política o económica para superar cuanto antes y del mejor modo posible la crisis que nos embarga. Además de los cauces de índole político y económico, es preciso arbitrar caminos que ayuden a superar tan problemática situación a través de un rearme moral y espiritual. No es infrecuente encontrar que las sociedades más desarrolladas del primer y segundo mundo, adolezcan de lo que ya Pablo VI llamaba el "subdesarrollo moral". Y ante la pérdida de los auténticos valores, es imposible regenerar ni política ni económica ni culturalmente una sociedad. Y cuando se fomenta un bienestar materialista avaro e insolidario, cuando se ataca la vida de la persona en cualquiera de sus fases y se desprotege la familia con políticas sociales y educativas que la destruyen, no hay posibilidad de afrontar una crisis global que empobrece a los más pobres y envilece a los poderosos.
Feliz año nuevo. El Señor os bendiga y os guarde.
Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
Ya salieron los Reyes Magos de vuelta a su normalidad de sabios, dejando atrás todo su asombro ante el milagro que pudieron ver y tocar. La curiosidad de su afán escrutador les llevó tras el rastro de una estrella que con respeto les ofrecía otro horizonte por principiar. Con la sencillez de intuir lo verdadero, de atreverse a verificar, fueron andando mil caminos, descartando tantos atajos a ninguna parte, sorteando enemigos que con su mentira les querían utilizar, y finalmente dieron con el Niño. Fue en aquel portal bendito donde el eterno sueño de Dios puso fin a sus peores pesadillas y se detuvieron a adorar a ese Dios niño.
Es el ritual que con sabor a estreno realizamos cada año. Primero lo hacemos con el porte de zagales y como pastores cualesquiera nos allegamos allí para adorar al Señor. También a nosotros nos avisan los ángeles, esos mensajeros que en cada generación saben actualizar su noticia buena para decirnos lo mismo, lo único, con una música distinta y hasta con una letra nueva: que Dios ha nacido, que nos quiere salvar, y que acompaña el camino haciéndose discreto caminante junto a cada cual.
Luego cambiamos de ropajes y nos imaginamos en el séquito de esos sabios Magos venidos de Oriente, y nos dejamos arrastrar también por las preguntas que nos plantea la vida aceptando gustosos los indicios que los ángeles buenos que nunca nos faltan nos vienen a indicar. Como aquellos primeros, nos hemos atrevido a poner nuestras ofrendas, sencillas pero sinceras. Y así, tramo a tramo en el discurrir de estas fechas, nos hemos vuelto a los días laborables de un año que estamos comenzando. Es el regreso a lo cotidiano en donde va y viene nuestro tram-tram de la normalidad. Pero terminadas las fiestas con todo su sentido y su valor beneficioso, no pocas personas se encontrarán con una realidad muy poco festiva, realmente dura de vivir y sobrellevar.
El Santo Padre en su habitual mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, nos ha alertado ante lo que está empañando y empeñando la dicha y la dignidad de tantas personas con esta crisis global que sufrimos: Combatir la pobreza, construir la paz". Queremos una humanidad en paz, pero ésta no vendrá sin erradicar los frentes de la pobreza: la pobreza de siempre y las pobrezas modernas que genera nuestra sociedad materialista e insolidaria.
Valdrá la pena que le dediquemos alguna carta próxima a este mensaje valiente y esperanzador, en donde no sólo se recuerdan los diversos abismos entre ricos y pobres (tanto países como personas), sino también cómo es insuficiente la estrategia política o económica para superar cuanto antes y del mejor modo posible la crisis que nos embarga. Además de los cauces de índole político y económico, es preciso arbitrar caminos que ayuden a superar tan problemática situación a través de un rearme moral y espiritual. No es infrecuente encontrar que las sociedades más desarrolladas del primer y segundo mundo, adolezcan de lo que ya Pablo VI llamaba el "subdesarrollo moral". Y ante la pérdida de los auténticos valores, es imposible regenerar ni política ni económica ni culturalmente una sociedad. Y cuando se fomenta un bienestar materialista avaro e insolidario, cuando se ataca la vida de la persona en cualquiera de sus fases y se desprotege la familia con políticas sociales y educativas que la destruyen, no hay posibilidad de afrontar una crisis global que empobrece a los más pobres y envilece a los poderosos.
Feliz año nuevo. El Señor os bendiga y os guarde.
Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca





