Diócesis de Jaca y Museo Diocesano de Jaca

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La cuarta vela.


    Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.
 Hemos ido encendiendo semana tras semana en este Adviento que termina las cuatro candelas que nos escenificaban que la Navidad estaba ya más cerca. Al paso de la palabra de Dios y de los signos litúrgicos, las velas del Adviento iban llenando de luz y de lumbre nuestras zonas y momentos que seguían adoleciendo de la oscuridad y del frío. Tantas cosas que se nos apagan, tantas que siguen gélidas, son avisadas e incluso provocadas por la inocencia de unas sencillas velas que nos hablan del acercamiento de Dios.
 Estamos ya a las puertas de la Navidad cristiana. El escenario puede ser el habitual de estas fechas y de estas fiestas, pero la realidad, cuando decide ser tierna o cuando se empeña en ser cruel, nos acerca todo ese conjunto de factores que hacen que la Navidad de este año sea única. De hecho la de este año 2008 nunca antes había sucedido y nunca jamás volverá a ser. Pero es aquí donde entra la luz y la lumbre de nuestra cuarta y última candela.
 Por muchas razones no es el momento de entrar al trapo de algunos envites que con calculada tozudez algunos siguen jaleando. Tiempo tendremos de hablar de nuevo de la vida, de la libertad de educación y de la familia, y de ese laicismo que como religión sin Dios se empeñan en comulgarnos los trapecistas de la nada con el pan y con el circo.
 Hoy encendemos esa cuarta vela, y con gratitud y devoción, pedimos al Señor que nos aliente con su aliento, que nos alumbre con su lumbre y ponga luz en nuestro apagón. Dios nos ha vuelto a mostrar las viejas promesas que un día llenasen de esperanza a aquel pueblo tan necesitado de ella. Tenemos también nosotros la necesidad de vivir con realismo cristiano la fiesta de la Navidad. Los hay que quieren censurar nuestros signos, nuestros gestos, nuestros motivos y hasta nuestros sentimientos. Y los hay que aprovechándose del bazar del consumo proponen otra navidad que no es cristiana, envuelta en celofán de lujo, que te venden como producto típico, con olores de nostalgia y mucho despilfarro.
 Lo que celebramos los cristianos es otra cosa bien distinta. El Señor quiso hacerse prójimo y vecino, abrazando nuestra pobre humanidad para salvarla de su entredicho. Nos dio la gracia del perdón, de su amor y de su divina compañía.
 ¿Qué gesto podremos en estos días ofrecer los cristianos a quienes verdaderamente sufren? Sería la mejor meditación navideña, el mejor christmas que podríamos enviar, el mejor villancico entonado y la verdadera cantata de nuestra Navidad. Hay familias a las que el mordiente del paro les ha dado ya su fatal dentellada. Hay personas que sufren la soledad de la tristeza, o el miedo de la desesperanza, o la pesadilla de no saberse amados ni perdonados. Hay quienes envuelven estas fechas en las sábanas de la enfermedad. Hay niños que en estos días no se les dejará nacer o ancianos a los que se les borrará. Habrá familias rotas a las que se les brinde todos los medios para la fractura y casi ninguno para volver a empezar.
 Dios se ha hecho hombre, nacido de María Virgen, para darnos la verdadera Navidad. Al encender la cuarta candela de nuestro asombro por ese gesto del Señor, al pedirle su luz y su lumbre que con su venida encendió, le pedimos saber ser agradecidos por tamaño regalo e imitando su gesto ser nosotros mismos esa llama y ese calor para quienes más sufren, para todos aquellos por los que vino el Buen Dios. Feliz Navidad cristiana, hermanos.
 El Señor os bendiga y os guarde.