Diócesis de Jaca y Museo Diocesano de Jaca

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Bella, la película.

 Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.
    No es una película de aventuras a lo Indiana Jones, aunque relata la gran aventura que es la vida. No es una película de guerra, aunque entra en la gran batalla que en la humanidad ahora se libra. No es película de amores sin más, pero permite asomarnos al verdadero amor. Me estoy refiriendo a esa película que en estos días venimos entrenando en las pantallas españolas y que lleva el sugestivo título de “Bella”.
    Su protagonista y mentor, Eduardo Verástegui es mejicano, y ha dejado de ser galán para ser actor de otra manera, poniendo a disposición de otra causa sus muchos dones. A sus 28 años, en Hollywood, su profesora de inglés, Yasmine, comienza a hablarle de Dios, de cambiar de vida poniéndose al servicio del Señor y de los demás. De pronto, reconociendo su vaciedad dentro de la frivolidad del famoseo, recupera la fe católica en la que fue educado y que aún tenía que estrenar. Ha creado su propia productora para hacer un cine en donde lo que es valioso para Dios y para el corazón de los hombres, se ponga en escena, se cuente, se defienda, describiendo su belleza. Esta película, es la primera entrega de otras que luego vendrán.
    La temática es la vida y la crítica del aborto. Ha tenido la inteligencia de no entrar en la ideología política de derechas o de izquierdas que suele haber detrás del aborto. Más bien se mueve en el problema humano que con todo aborto se plantea. Aquella mujer que queda embarazada, había sido antes “embarazada” por un sinfín de penalidades con las que la vida se hizo injusta con ella. El embarazo real ella lo suma a sus embarazos metafóricos, y todos los juzga como que complican y zarandean su dignidad, su libertad, su felicidad, agolpándose como una losa insufrible de soportar. El mensaje de la película es que acogiendo la vida, no dando cabida a la muerte, se adentra uno en una libertad, en una dignidad y en una felicidad que de pronto se te da, se te devuelve, se te estrena. Porque nunca el rechazo del embarazo real logra liberarte de los embarazos metafóricos que pueden haber llenado la vida de injusticia y rencor.
    El niño que lleva en sus entrañas está tan vivo como ella, es tan digno como ella, y siendo más inocente que ninguno, es el más vulnerable. Tanto que ni siquiera puede elegir hablar con la madre para exponerle sus derechos, o salir en busca de su cobarde padre y pedirle cuentas. Defendamos la vida del más pobre, del más atacado, del más censurado, el niño, y con la misma pasión la vida de la madre tantas veces víctima de un cúmulo de abusos, marginaciones y soledades. Dentro de ese cúmulo, no es el menor la cínica defensa de unos derechos de la madre en contra del hijo que lleva en su seno. Derechos que dejan pingües beneficios a los que viven de esta maquinaria de matar. El aborto es terrible porque es el pecado más horrendo que ofende a Dios, porque quita la vida de alguien indefenso que existe aunque no haya nacido aún, y porque fomenta hipócritamente la más grande mentira: decir que salvamos a la mujer matando al hijo de sus entrañas. Como pueden atestiguar tantas mujeres que han abortado, cuando hacemos eso, estamos matando a los dos. Es el dato mejor guardado por quienes revestidos de una extraña progresía maquillan mucho dolor.
    Sí, es demasiado bella la vida para abandonar en la tragedia a quienes más necesitan de nuestra ayuda antes, en y después de que las cosas sucedan. Es bella la vida, es bella la verdad y es bello el amor. No matemos en ningún modo lo que Dios nos ha regalado como un don.
    El Señor os bendiga y os guarde.