Diócesis de Jaca y Museo Diocesano de Jaca

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DOMUND: La hucha de San Pablo.

  Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.
    También San Pablo tuvo su hucha misionera. Él fue un apóstol que llevó la semilla del Evangelio hasta los confines del mundo conocido. Al llegar la jornada del Domund, nos queremos asomar a San Pablo en este su año jubilar para aprender de él la audacia y el empeño en su ardor misionero este tramo de la historia de la humanidad. En este sentido, el Santo Padre Benedicto XVI ha escrito un mensaje extenso y precioso para el Domund 2008. Entresaco de él unos párrafos bellos e incisivos que nos ayuden a vivir esta jornada.
    Recuerda el Papa que «la humanidad tiene necesidad de ser liberada y redimida. La creación misma sufre ?dice san Pablo- y alimenta la esperanza de entrar en la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rm 8, 19-22). Estas palabras son verdaderas también en el mundo de hoy. La creación sufre. La humanidad sufre y espera la verdadera libertad, espera un mundo diferente, mejor, espera la “redención”. Y, en el fondo, sabe que este mundo nuevo esperado implica un hombre nuevo, implica “hijos de Dios”. Veamos más de cerca la situación del mundo de hoy. El panorama internacional, si por una parte ofrece perspectivas de desarrollo económico y social prometedoras, por otra presenta a nuestra atención algunas graves preocupaciones en lo que se refiere al futuro del hombre. En no pocos casos, la violencia marca las relaciones entre los individuos y los pueblos; la pobreza oprime a millones de habitantes; las discriminaciones y, a veces, las persecuciones por motivos raciales, culturales y religiosos empujan a muchas personas a huir de sus países para buscar en otros lugares refugio y protección; el progreso tecnológico, cuando su finalidad no es la dignidad ni el bien del hombre, ni ordenado a un desarrollo solidario, pierde su potencialidad de factor de esperanza y, más bien, corre el riesgo de agudizar desequilibrios e injusticias ya existentes. Existe, además, una amenaza constante en lo que se refiere a la relación hombre-ambiente, debido al uso indiscriminado de los recursos, con repercusiones sobre la misma salud física y mental del ser humano. El futuro del hombre está amenazado por los atentados a su vida, que asumen varias formas y modalidades.
    Ante este escenario, sentimos el peso de la inquietud atormentados entre angustias y esperanzas (cfr. Const. Gaudium et Spes, 4), y nos preguntamos con preocupación: ¿qué será de la humanidad y de la creación?, ¿hay esperanza para el futuro, o mejor, hay un futuro para la humanidad?, ¿cómo será es este futuro? La respuesta a estos interrogantes nos viene a nosotros los creyentes, del Evangelio. Cristo es nuestro futuro y, como he escrito en la Carta encíclica Spe Salvi, su Evangelio es la comunicación que “cambia la vida”, da la esperanza, abre de par en par la puerta oscura del tiempo e ilumina el futuro de la humanidad y del universo (cfr. n. 2)».
    Somos portavoces y portadores de este Evangelio, de la Persona de Jesucristo resucitado. En un día como hoy, tenemos un recuerdo agradecido por todos nuestros misioneros, les alentamos con nuestra oración, con nuestro afecto y nuestra limosna, y pedimos la gracia de sabernos nosotros misioneros allí donde el Señor y su providencia nos han querido colocar.
     El Señor os bendiga y os guarde.