Diócesis de Jaca y Museo Diocesano de Jaca

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Como el Buen Pastor.

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
 En el cuarto domingo de pascua siempre tenemos una cita con esa imagen entrañable de Cristo como Buen Pastor. En la tradición judía era una forma habitual de representar la cercanía de Dios. Aquel pueblo nómada, que tenía que ir de aquí para allá, frecuentemente se encontraba en la tesitura de trasladar no sólo sus pocos y pobres enseres, sino también ese rebaño del que viviría bebiendo su leche, comiendo su carne o abrigándose con su lana. El salmo 22 refleja con belleza tierna lo que un pastor hacía por ese rebaño del que su vida y la de su familia dependía: aunque camine por cañadas oscuras, con mi vara y mi cayado les guiaré con seguridad, y les conduciré hacia fuentes tranquilas donde puedan sestear junto a la hierba fresca. Y el salmista decía: así hace Dios, el Señor es mi Pastor.
 Jesús asumirá esa imagen y llegará a aplicársela a sí mismo, en contraposición a los falsos pastores que se aprovechan de la lana, la carne de las ovejas cuya vida no les concierne, ni conocen sus nombres, ni la defienden de los lobos que las acechan. Como mercenarios, tan sólo se benefician egoístamente de lo que no aman ni les importa.
 El Buen Pastor da la vida por sus ovejas. Este es el mensaje del Señor. Aunque no le entiendan, aunque le pidan lo que Él no vino a dar y le esperen en los caminos que jamás frecuenta, el Buen Pastor seguirá dando la vida por aquellos que le han sido confiados, aprendiendo sus nombres, sonriendo con sus gozos y sabiendo con sus penas llorar. El profeta ya dijo que Dios enviaría a su pueblo pastores según su Corazón. Y esto es lo que se cumple sin metáfora ninguna en Jesucristo, el Buen Pastor.
 Es el espejo en el que mirarnos quienes hemos sido llamados por especial y siempre inmerecida vocación a ejercer ese ministerio, auténtico servicio al Pueblo de Dios. Y pides cada día esa gracia mañanera de vivir la vida hasta el final, dándote de veras, con Dios y para Él, sin hacerlo contra los demás. Te entiendan o no los otros, lo sepas hacer o no tú mismo, esta es la gracia que cada día pides como un humilde mendigo que pasas ante la mirada benévola y agradecida de aquellos a quienes sirves, o que estás en el punto de mira de no sé qué enemigos a los que nunca declaraste la guerra. Ser pastor según el Corazón de Dios… ¡cuánto entraña esta manera! ¡cuántos secretos, sentidos dentro, como si estuvieras preñado de un pálpito que te llama y llama para ser fiel a tan alta vocación!
 En este día del Buen Pastor, la Iglesia nos pide que recemos por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Porque de modo especial son ellos quienes dentro de la comunidad cristiana están llamados a ser imágenes vivas de ese pastoreo del mismo Dios a través del ministerio sacerdotal y a través de los diversos carismas.
 El Papa Benedicto XVI ha escrito un mensaje hermoso y claro para esta jornada de oración por las vocaciones. No sólo es un don que hay que pedir al Señor, sino que también hay una responsabilidad en nosotros, en el modo de vivir nuestra vida cristiana. Y así lo dice el Santo Padre: “Las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada sólo florecen en un terreno espiritualmente bien cultivado. De hecho, las comunidades cristianas que viven intensamente la dimensión misionera del ministerio de la Iglesia nunca se cerrarán en sí mismas… El don de la vocación es un don que la Iglesia implora cada día al Espíritu Santo. Como en los comienzos, reunida en torno a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, la comunidad eclesial aprende de ella a pedir al Señor que florezcan nuevos apóstoles que sepan vivir la fe y el amor necesarios para la misión”. Pidamos, pues, al dueño de esta mies que es nuestra diócesis, que envíe muchos y santos trabajadores, que sean buenos pastores según el Corazón de Dios.
      Recibid mi afecto y mi bendición.

Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca