Diócesis de Jaca y Museo Diocesano de Jaca

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Escanciando el vino de la alegría.

Queridos Hermanos y amigos: paz y bien.
      Cada 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, y es una ocasión propicia para reflexionar en torno al sentido del dolor cristiano y sobre el deber cristiano de ocuparnos de él bajo cualquier situación que se presente. Como ha recordado el Papa en su mensaje, dicha significativa celebración está relacionada este año con dos acontecimientos importantes para la vida de la Iglesia, como lo manifiesta claramente el tema escogido «La Eucaristía, Lourdes y el cuidado pastoral de los enfermos»: el 150° aniversario de las apariciones de la Inmaculada en Lourdes y la celebración del Congreso Eucarístico Internacional en Quebec, Canadá. De este modo, se brinda una oportunidad especial para considerar la estrecha relación que existe entre el Misterio eucarístico, el papel de María en el proyecto salvífico y la realidad del dolor y del sufrimiento humano.
      Quienes hemos tenido la gracia de visitar con frecuencia ese santuario mariano de Lourdes, hemos podido comprobar la cantidad de milagros que allí se suceden. No me refiero a los escasamente 70 milagros que oficialmente la Iglesia Católica ha reconocido como tales, a través de estos 150 años de existencia de Lourdes, sino tantísimos milagros que acontecen en el corazón de las personas que acuden a la gruta de Massabielle, estuvieran enfermos del cuerpo o del alma.
      Al igual que la Virgen en las bodas de Caná le dijo a su Hijo que aquellos novios se habían quedado sin vino, en esas otras bodas que son la  vida misma de cada uno, tantas veces nos quedamos sin aquellas cosas necesarias para vivir. Entonces María vuelve a intervenir ante su Hijo para decirle: Jesús, se les ha agriado el vino de la bondad, han manchado el vino de la belleza, han llegado a enfrentar fatalmente el vino de la paz, no logran brindar de veras con el vino de un amor puro y duradero. Y entonces Jesús vuelve a intervenir en nuestra condición enferma, para darnos ese vino mejor para el que nuestro corazón ha nacido, que es el que nos permite amar a Dios y a las personas que Él ha puesto a nuestro lado.
      María, mujer eucarística, nos cura al ponernos ante su Hijo con todas nuestras carencias, nuestras hambres, nuestras pobrezas. Y Jesús, verdadero Pan vivo, se hace alimento adecuado con el cual nuestro corazón es saciado y abrazado en aquello que más pudiera necesitar.
      Benedicto XVI ha subrayado la íntima relación entre Lourdes -como el amor materno de la Virgen por sus hijos enfermos y los que sufren-, y el próximo Congreso Eucarístico Internacional. Es una ocasión para subrayar la importancia de la santa Misa, de la Adoración eucarística y del culto de la  Eucaristía, de modo que las Capillas en los Centros sanitarios se conviertan en el corazón pulsante en el que Jesús se ofrece incesantemente al Padre por la vida de la humanidad. También la distribución de la Eucaristía a los enfermos, hecha con decoro y espíritu de oración, es una verdadera consolación para el que sufre por las aflicciones de toda enfermedad.
      Acompañando a nuestros enfermos y ancianos, nutriéndonos de la santa Eucaristía, seamos ese testimonio sencillo y creíble por el que estamos narrando a la sociedad que Dios está cercano, que se conmueve ante nuestras penas y sabe saltar de gozo en nuestras alegrías. Así lo vivió Santa María, y así lo pedimos vivir nosotros también.
      Recibid mi afecto y mi bendición.

Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca