Diócesis de Jaca y Museo Diocesano de Jaca

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Predicación familiar.

Queridos Hermanos y amigos: paz y bien.
 Hace unos años, de joven sacerdote, me encontré con unos textos bellísimos del Papa Juan Pablo II sobre la familia. Tenía en las manos una hermosa descripción de lo que era y significaba esa vocación profundamente humana que era expresada en términos cristianos también. Y me decía a mí mismo y al grupo de matrimonios que atendía en mi parroquia, que estábamos ante el acompañamiento preciso y precioso del Papa para saber por dónde ir en la encrucijada social y cultural que también afectaba a la familia.
 Pero esos matrimonios jóvenes me decían: fíjate cómo la verdad y la belleza del texto del Papa no llega a todos, y cómo, por el contrario, sí que llega el escándalo de la ruptura de esa pareja de famosos, o cunde el ejemplo de otro modo de ver la familia a través de una serie de televisión. Efectivamente, eso que sucedía hace veinte años, se ha venido agravando mucho más en nuestros días ante la patente contradicción que se da en nuestra época: seguir valorando la familia como la realidad más querida, y facilitar su desamparo hasta dejarla del todo desprotegida.
 La pregunta que me hacía entonces, me la hago ahora con mucha más conciencia y con una responsabilidad mayor. Asistimos a diversas “predicaciones” sobre la familia. Los distintos “púlpitos” nos presentan de modo plural y contradictorio su mensaje sobre la familia: el modelo confuso del vale todo y el modelo basado en la comunidad de amor entre hombre y mujer, abiertos a la vida y con una voluntad de fidelidad y felicidad para siempre.
 La Iglesia sigue predicando este modelo. Lo hace mirando a Dios, mirando a la Sagrada Familia de Nazaret, y mirando a la misma naturaleza que con su sabia enseñanza nos propone ese camino humano que coincide con el camino divino escrito en nuestro corazón. Pero somos conscientes que hay leyes que banalizan el matrimonio, juegan con la vida y hacen de su norma legal el principio de verdad por la que regirse. El hecho de que se llame matrimonio a lo que matrimonio no puede ser; el hecho de que se facilite su ruptura con las prisas de un exprés; el hecho de no respetar la vida del no nacido de la manera más cruel y con inconfesados beneficios económicos haciendo del infanticidio el negocio del aborto; el hecho de imponer una educación estatal con indebida ingerencia en lo que es sólo competencia de los padres a través de una manipulación de la ciudadanía; el hecho de que haya toda una puesta en escena a través de series televisivas o programas y pseudo debates de “reality show”, en donde se ridiculiza el modelo cristiano y natural de familia, y se propone sin sonrojo el esperpento; etc., etc. Todo ello nos dibuja una realidad que es severa y dura, y en la que no caben tibiezas ni componendas, y es preciso actuar.
 Pero la solución no puede venir sólo por esos documentos de la Iglesia que seguimos necesitando, sino por otro tipo de “predicación” complementaria: el testimonio gozoso y bello que nos narra la familia cristiana, con sus dificultades reales y con sus soluciones humildes pero eficaces. La fidelidad sin rendiciones, la vida sin persecución y la educación sin manipulaciones. A esto aspiramos, esto es lo que queremos vivir y desde este testimonio poder proponer a quien nos quiera escuchar. Es la predicación más urgente: la que las familias cristianas, viviendo su vocación y su entrega, nos pueden y nos deben contar. Que la Familia de Nazaret, Jesús, José y María, nos ayuden en este empeño en el que nos va la vida.
      Recibid mi afecto y mi bendición.