Queridos Hermanos y amigos: paz y bien.
Fue una de las frases de Jesús más chocantes al contemplar el despiste moral en el que Él sorprendía a sus paisanos: parece que andan como ovejas sin pastor. Siempre me acuerdo de esa expresión que está nada menos que en El Quijote, al contemplar el Ingenioso Hidalgo la prisa y el frenesí con las que deambulaban aquellos barceloneses: “unas veces huían sin saber de quién, y otras esperaban sin saber a quién”.
Se entiende así que la figura del Buen Pastor suscitase no sólo un justo análisis de cómo veía Jesús a aquellas gentes, sino sobre todo que significase una forma de presentarse Él. De hecho, el Buen Pastor era una imagen cercana y comprensible para aquellos oyentes de Jesús, tan acostumbrados al pastoreo tanto en su vida nómada como en la asentada.
Era casi un apunte autobiográfico de Jesús en relación con aquellas gentes: no ser extraño para nadie ni extrañarse ante ninguno, dar vida y darse en la vida, hasta dejarse la piel antes que nadie pueda arrebatarlas. Aquí se dibujaba el estupor ante Jesús que experimentaban los que oían su voz: ya no dejarían de reconocerla permaneciendo junto a Él.
En nuestro mundo, hay tantas voces de gente que se ofrece a “cuidarnos” y a velar por nuestras mil “seguridades”. Pero uno sospecha de tanto favor “desinteresado” cuando en el fondo te ves a la intemperie, cargado de avisos, de normas, de recortes, de intereses y controles, de amenazas... y con demasiado poco corazón, buscando tal vez tan sólo que compremos su marca, o votemos sus siglas, o coreemos su afición. El Buen Pastor no tenía ninguno de esos precios, sino que el dar la vida se hacía gratis, por amor.
Tenemos necesidad de pastores que nos recuerden las actitudes del Buen Pastor, y debemos pedir al Señor que nos bendiga con muchos y santos sacerdotes según el corazón de Dios. Ya sabemos que los sacerdotes no son los únicos que forman la Iglesia del Señor, pero cuando ellos nos faltan todo lo demás se desnaturaliza, de diluye, se agota. La vitalidad de una comunidad cristiana como es la Diócesis, la podemos medir por los sacerdotes que tenemos en cantidad y en calidad, que es como decir, en número y en santidad de vida. Por eso, el trabajo por el Seminario es función primordial en nuestra Diócesis. No porque sea lo único, sino porque de él dependen tantas de las demás cosas: la familia, la juventud, la atención a enfermos y ancianos, la liturgia, la caridad organizada. No se trata de clericalizar la vida cristiana, pero sí situar en el debido sitio algo que es nuclear. Doy gracias a Dios por nuestros buenos curas, tantas veces cargados de mil tareas y de mucha edad, pero tenemos necesidad de que vengan más y de que los que estamos llamados crezcamos en santidad.
Jesús fue el Buen Pastor, y como tal constituyó a sus apóstoles a los que envió a dar la Buena Noticia. En este 4º domingo de pascua, dedicado a la jornada mundial de oración por las vocaciones, pidamos al Señor que bendiga nuestra Diócesis con muchas y santas vocaciones sacerdotales: quienes ya hemos sido llamados y quienes deseamos y pedimos que puedan llegar. Hoy tenemos una urgente e imperiosa necesidad de buenos pastores y de pastores buenos, que den la vida con sencillez y fidelidad, buscando la gloria de Dios, el bien de la Iglesia y el de las personas que se les han confiado.
Recibid mi afecto y mi bendición.
Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca





